EDITORIAL
Hace unas semanas, los que trabajamos en los centros SEP-CONACYT, recibimos una dotación para nuestros proyectos internos equivalente al 10.43% de sus presupuestos anuales. Este fue el segundo depósito a nuestras cuentas y debe ser útil para operar hasta julio. No sabemos si las universidades e instituciones tecnológicas federales gozan del mismo trato (esperamos que no) y si esta medida tiene por objeto desviar en un casi 79% nuestra atención en las investigaciones que desarrollamos para atender la interesante y propositiva contienda política con miras a las elecciones presidenciales (esperemos que no). Con ganas de poner en duda los buenos motivos de esta novedosa forma de distribución del presupuesto, podemos suponer que es más importante garantizar fondos para el ejercicio de la democracia que para continuar con los monitoreos sísmicos, volcánicos, de mareas o meteorológicos. La misma suerte corren los laboratorios que no pueden surtirse de insumos, los experimentos que en ambientes naturales deben efectuarse en el invierno o en la primavera y, como éstos, deben abundar los casos particulares.
A finales del año pasado ya se habían oído voces indignadas por los “presupuestos insultantes” (L. Benítez; Lunes en la Ciencia, La Jornada, 6 de diciembre) destinados a la Ciencia y a la Tecnología, pues a este rubro, que no recibió incremento alguno con respecto al año anterior, se le asignó el equivalente a la tercera parte del presupuesto otorgado al IFE.
A través de Internet consultamos fuentes que informan que en el 2000 el sector cultura sufrirá una disminución del 4.2% con relación al año anterior y que la SEP, después de PEMEX y CFE, es la instancia federal más afectada; entonces, ¿cómo dotaremos de computadoras a los escolares y cómo les pagaremos a los teachers? En el uso del forzoso tiempo libre, no encontramos propuestas concretas en materia de desarrollo científico y tecnológico; en su lugar, lo que hallamos fueron abundantes declaraciones en las que los candidatos se comprometen a “apoyar decididamente” a la educación, a la ciencia y a la tecnología.
Consideramos muy desafortunado que, ni aún con el objetivo de conseguir votos, al sector de la población encargado de educar e investigar se le trate con tal indiferencia. Y lo peor es que nada nos hace pensar que en los próximos seis años esta situación pueda cambiar, a menos de que en el transcurso de ese periodo el proyecto de país cambie o, por lo menos, se inicie un programa inteligente de aplicación de estímulos fiscales a estas actividades estratégicas para el desarrollo.
Finalmente, es muy poco probable que una política administrativa de la ciencia y la tecnología dictada por personas sin educación formal, ni experiencia alguna en investigación, pueda dar frutos. Por ello, es absolutamente necesario que los próximos funcionarios-administradores se nutran de primera mano de las experiencias de los investigadores, ya sea a través de sus órganos colegiados o de visitas directas (evitando el maquillaje, por supuesto) a los centros de investigación.
Publicado: 2000-03-01