EDITORIAL
¿José Acosta?
Todas las disciplinas científicas tienen precursores que entrevieron la necesidad de romper con los sistemas ideológicos establecidos. La Física tiene a Galileo. Todos sabemos que Galileo tuvo la osadía de enfrentarse a la autoridad de Aristóteles en relación con la caída libre de los cuerpos, así como en otras cuestiones que por poco le cuestan la vida. Al final las ideas de Galileo prevalecieron. Sin embargo, no hay que creer que la obra de Aristóteles era del todo anticientífica, y que su autoridad se debía simplemente a imposiciones de la iglesia. En realidad, sus observaciones eran bastante cuidadosas y sus argumentos de tal manera convincentes que no era fácil refutarlo. Por eso es que fue tan difícil romper con algunos de sus esquemas. Hay que agregar que la mayor parte de su obra sigue siendo vigente. Podría incluso decirse que la estructura de nuestra educación sigue con el sello de Aristóteles, y que sólo hemos cambiado detalles de la misma. Los estudiosos del pre-renacimiento, por otra parte, eran educados directamente con los escritos de Aristóteles, lo cual hacía muy difícil ver las cosas de manera diferente a la descrita en sus trabajos. En este sentido lo mismo nos pasa a nosotros en relación con la tectónica de placas, por citar un ejemplo. Para los hombres del pre-renacimiento la explicación de los fenómenos geofísicos se encontraba en la Meteorológica de Aristóteles, en donde se trata el origen de los vientos, las mareas, la lluvia, los sismos, y las erupciones volcánicas. Nuestra visión actual de estos fenómenos es por supuesto muy diferente después de más de dos mil años de trabajos acumulados. Sin embargo, por lo mismo es que resulta importante preguntarse por el primero que vislumbró la necesidad de cambiar los esquemas Aristotélicos. Puesto de otra manera: ¿Quién le puso el cascabel al gato de los geofísicos? ¿Existió algún personaje que tuvo la osadía de enfrentarse a la autoridad de Aristóteles en cuestiones relacionadas con la Geofisica? De hecho así fue. Sí existió tal personaje. Se llamó José Acosta y publicó su trabajo en 1590, en Sevilla. Su obra despertó bastante interés y fue rápidamente traducida a varios idiomas. Realizó su trabajo durante 15 años, viajando frecuentemente y visitando lo que ahora son los países de Perú, Bolivia, Chile, y México. Fue lo bastante curioso e ingenioso para estudiar, simultáneamente, las mareas en los Océanos Pacífico y Atlántico, y para establecer que se trataba de fenómenos globales relacionados directamente con la posición de la luna. Y todo esto un siglo antes de los descubrimientos de Newton. Por otro lado, el estudio del clima en las zonas tropicales lo llevó a enfrentarse a las enseñanzas de Aristóteles sobre estos temas. Identificó, además, el punto donde la declinación del campo magnético de la tierra cambia de Este a Oeste. Sus extensas observaciones sobre sismos y erupciones volcánicas lo llevaron a concluir que tales fenómenos no tienen necesariamente el mismo origen. José Acosta sistematizaba sus observaciones y buscaba posibles explicaciones basándose en sus propias experiencias, aún al costo de enfrentarse con la autoridad de Aristóteles. Con estos antecedentes, uno se pregunta: ¿Podríamos haber tenido un pionero más digno para la Geofisica? ¿Uno más cercano a nosotros?
Publicado: 1996-09-01