EDITORIAL
Ciencia y Educación en Tiempos de Centenarios
La ciencia, para bien o para mal, llegó para quedarse en la Tierra. Nació en la Grecia antigua, fue abandonada y medio sobrevivió en Egipto en los tiempos de los romanos, más precisamente se enquistó en Alejandría. En la edad media pasa su adolescencia en el mundo árabe, y alcanza su juventud en el siglo XIX en Europa. Varios países, entre ellos Japón, se enamoraron de ese ser juvenil que hacía que Europa fuera más atractiva que ningún otro continente. En ese mismo siglo XIX, importaron masivamente libros de texto, métodos educativos y maestros, y en unas cuanta décadas se pusieron a la par de muchos países occidentales. Francisco I. Madero, en su célebre libro de 1908 que precedió a la Revolución Mexicana, reclama a Porfirio Díaz que en sus tres décadas de gobierno, y a pesar de sus partidarios que se hacían llamar los científicos, nunca intentó ni logró lo que ya para ese entonces había logrado Japón. Y es que cuando entró al poder Don Porfirio, el nivel educativo de Japón era inferior al de México, y 30 años después, ya para terminar su dictadura, Japón superaba tremendamente a México.
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Publicado: 2008-08-01