EDITORIAL

En estos tiempos de ajustes económicos debidos a los siempre presentes imponderables en la programación presupuestal, sólo nos queda reflexionar sobre la forma en que podremos ajustarnos a los desinflados disponibles de nuestros fijos presupuestos de proyectos. Los factores que motivan los ajustes son variados, algunos son internos o nacionales y otros externos o internacionales, pero ambos se encuentran lejos de nuestra influencia y, a veces, de nuestra comprensión.

El desorden económico internacional parece influir en los precios del dólar en el mercado cambiario, lo que afecta directamente a nuestros programas de desarrollo pues la mayor parte de nuestro equipo de laboratorios se cotiza en dólares, amén los artículos menores como papel, tintas y otros accesorios. El precio internacional del petróleo también afecta una gran parte de nuestras actividades académicas pues, además de vivir en una economía fuertemente dependiente de la exportación de este producto, la industria petrolera también ofrece permanentes y diversos temas de investigación. Al contraerse el mercado petrolero se reducen también los presupuestos relacionados con diversas actividades, principalmente las de exploración.

Ya sea por razones políticas, o por las condiciones económicamente precarias del país, los desastres asociados con fenómenos naturales también provocan desbalances económicos. En este capítulo la comunidad de las Ciencias de la Tierra sí puede jugar un papel importante. Valga como ejemplo el efecto de las lluvias: en 1993, el norte de Baja California y sur de California fue afectado por precipitaciones extraordinarias que aceleraron los deslizamientos de laderas y provocaron inundaciones, principalmente en Tijuana. En cambio, la identificación del fenómeno de El Niño a finales de 1997, permitió a la sociedad de la misma región prepararse para recibir precipitaciones mayores y disminuir considerablemente los desastres. Los ejemplos de zonas expuestas a desastres ocasionados por fenómenos naturales se multiplican sólo al identificar las regiones con fallas activas y con actividad volcánica y sísmica, además de aquellas zonas tan atractivas para el turismo sujetas al efecto del oleaje.

El monitoreo sistemático de los fenómenos naturales no sólamente es útil para modelar la dinámica Tierra, es además una herramienta imprescindible para predecir la ocurrencia de fenómenos que signifiquen un riesgo para las comunidades. ¿Debemos entonces simplemente seguir desviando fondos para reconstrucciones y rescates en lugar de aplicarlos para conocer el medio en que vivimos y planificar el crecimiento seguro de la sociedad?.

Publicado: 1998-09-01