EDITORIAL
La revisión de las revistas mexicanas relacionadas con las Ciencias de la Tierra muestran un preocupante panorama debido al bajo número de trabajos que en ellas se publica. Independientemente de la calidad de los artículos, que poco se toma en cuenta al analizar los indicadores de productividad, hicimos un ejercicio simple para ver sólamente la cantidad de artículos de investigación que se reciben en nuestras revistas, comparado con un número de referencia de publicaciones posibles.
Al cierre de este número de GEOS, hemos recibido 270 resúmenes para la Reunión Anual 1999, cantidad que se encuentra en el promedio de trabajos recibidos desde 1991. Desde 1996 GEOS da cabida a trabajos de investigación, divulgación, reportes y notas. Los dos primeros son arbitrados. Uno de los alicientes para transformar la revista fue que, de 1985 a 1995, el número de resúmenes enviados a la Reunión Annual se duplicó, lo que nos hizo pensar que ya existía un gran número de trabajos que podía garantizar una actividad editorial intensa, no sólamente para GEOS, sino para todas las revistas de Ciencias de la Tierra que existen en el país. Además, la mayor parte de esos reportes tratan sobre aspectos relacionados con nuestro territorio.
Si se considera que la mayoría de los trabajos que se presentan en un congreso son producto de investigaciones que tienen un avance conceptual y de adquisición de datos de por lo menos el setenta por ciento, es fácil pensar que en el transcurso del año siguiente se podrían producir, digamos, unos 160 trabajos (en cualquiera de las formas aceptables por las revistas), equivalentes al sesenta por ciento de las investigaciones presentadas en esta reunión en particular. Por otro lado, la preocupación nuestra por enviar artículos a revistas extranjeras influye en el destino de muchos artículos, ya que éstos influyen en la permanencia en el SNI (sólo hay 252 investigadores de las disciplinas de geofísica, geología y oceanografía en las áreas I y II) y sirven para aumentar nuestros ingresos vía estímulos internos, independientemente del impacto local de nuestras investigaciones.
Suponiendo un buen escenario (para el prestigio nacional), en el que un tercio de los trabajos de Ciencias de la Tierra salen a revistas extranjeras, resulta que que tan sólo 107 artículos estarían destinados para las revistas nacionales. Por otro lado, de una muestra de cuatro números recientes de éstas, se observa que anualmente, en promedio, Geofísica Internacional publica 28 artículos, la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas 22, Ciencias Marinas 8 (oceanografía física y geología) y GEOS 21, para un total de 79.
Es seguro que la comunidad que escribe en las diferentes disciplinas de las geociencias escriba más de lo que las revistas anteriores muestran, sobre todo en otras revistas que no cuentan con arbitraje y/o se dirigen a aspectos más aplicados. Suponiendo que estas cifras se aproximan a la realidad, se desprende que en México se publica poco y que además cada vez se incentiva menos a hacerlo, lo que está orillando a adelgazar aun más nuestras revistas o, en el peor de los casos, a desaparecerlas.
¿Cómo podríamos responder a preguntas como: en dónde se archivan, o se publican, o se puede consultar la investigación que se efectúa en las áreas de las Ciencias de la Tierra en México?.
Publicado: 1999-09-01