EDITORIAL
Ciencias en la educación básica
Recientemente, en octubre de este año, se dio a conocer la negación de la SEP de difundir los resultados de una evaluación mundial en la que México fue reprobado en temas sobre matemáticas y ciencias. Tuvo que pasar un sexenio para que se supiera que el país logró cuatro últimos y dos penúltimos poco honrosos lugares en esos temas (no se especifican) en niveles de primaria y secundaria. La evaluación la promovió la IEA en 1995 (Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo) e incluyó a 40 países. Independientemente de las razones poco objetivas que se dieron para no divulgar los resultados, la evaluación explica en parte el por qué la baja matrícula en áreas relacionadas con las ciencias y la pobre educación científica de la población joven. La experiencia de siete olimpiadas de Ciencias de la Tierra organizadas por la UGM para estudiantes de bachillerato, nos permite ver que, en buena parte, la educación científica de los participantes proviene del ambiente familiar y de programas de divulgación científica en la televisión. Aunque es muy probable que la atención a tales programas se debe a que los estudiantes tienen bases para entender sus contenidos, es necesario saber si los programas de estudio a nivel básico fomentan la formulación de preguntas acerca de la naturaleza que nos rodea.
Afortunadamente, el actual titular de la SEP considera que ese tipo de evaluaciones permitirá identificar áreas en las que se deben aplicar políticas de mejora miento de la calidad de la enseñanza, por lo que, por el bien del desarrollo educativo del país, esperemos que los diagnósticos derivados de las evaluaciones permitan diseñar programas que fomenten el interés por las ciencias naturales. Una cultura científica adquirida a temprana edad permitiría que los programas nacionales de conservación del medio ambiente, de uso racional de los recursos naturales y de prevención de desastres debidos a fenómenos naturales, entre otros, sean comprendidos y aplicados con mayor facilidad.
Publicado: 2001-08-01